Blogia
cuadernosbenjamenta

Diario de París. 7 de julio de 2007.

En los años 50 y 60 muchos escritores buscaban la posibilidad de viajar a Oriente. Hastiados de una Europa en Guerra silenciosa o en guerra abierta. Tediosos por su entorno tedioso de formas sociales yermas. Yo pretendí viajar a mi jardín japonés en París, huyendo de Europa, de la presión de sentirse responsable de muchos sentimientos. Viajé con mi cuaderno para poder decirlo todo y después olvidarlo. Llegué a mi habitación con jardín japonés y me instalé. Sentado fumando un cigarrillo recordé que en la calle donde me alojo dos amigos se conocieron. Uno de ellos vivía allí con su familia, el otro vino a visitarlo. Se conocieron y se gustaron, pasaron una larga temporada juntos. Se dedicaron a juntar palabras, imagino que rieron y fumaron y pasearon y hablaron de lo que escribían y se comprometieron únicamente con la palabra y con la amistad. Algún tiempo después de conocerse, jugando, si es que la amistad y la palabra se iteran y se repiten y se engarzan en la historia para formar un continuo, dieron a la luz un texto que cambió el mundo, desde aquí, desde la rue Vaneau donde ahora estoy alojado.

Por honrar a Benjamenta y a la amistad de la palabra que allí circula pregunté en la recepción si podría cambiar mi habitación por una de las buhardillas que dan a la rue Vaneau y dejar mi jardín japonés. Me confirmaron que podía y aquí estoy, he renunciado al jardín y a Oriente y estoy desapareciendo en medio de Europa. Me desvanezco como un espectro pero me siento más libre, capaz de recorrer Europa por la palabra, el compromiso y la amistad.

Un fantasma recorre Europa.

Los amigos cuya habitación veo desde mi ventana eran Marx y Engels.

Quizá ya nunca vuelva a ser octubre, pero desde mi ventana se ve Europa.

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

1 comentario

Odradek centroeuropeo -

De lo cual se deduce que Europa consiste en sentirse responsable de muchos sentimientos, también en un espacio irreal habitado por fantasmas abuhardillados, pero también en un ámbito de utopía (fantasmático, pues) o promesa de un octubre por venir.
Abuhardíllate, pues, con gusto, escribiente amigo.
Desde otro lado de Europa, más cerca de las fuentes del Danubio, me esforzaré por vislumbrar el vínculo extraño que une la metafísica alemana con los recorridos de Magris y con Auschwitz.
París nunca se acaba. Todnauberg tampoco.
Quizá sea Europa también esa combinación elevada al cuadrado de Todnauberg y París, dividida por los paseos de Magris y multiplicada por la desidia madrileña de una terraza de verano a las once de la noche.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres