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cuadernosbenjamenta

Fue un error.

El escritor regresó al lugar donde descansaba.


Allí abandonaba la escritura cada año con el propósito de volver a hallarla dos semanas después.


De esa manera, pensaba, si no la dejaba entrar por el umbral de la puerta de aquella casita blanca sólo durante quince días, se reencontrarían con más deseo aún.


Y así fue hasta entonces.


Justo en su primera noche de abstinencia, y tal y como era costumbre, la dama llamó a su puerta de forma insistente. Pero en esta ocasión, al ver que no la dejaba asomarse siquiera por el hueco del cerraje -como solía hacer en otras ocasiones-, se marchó furiosa. Celosa como jamás la había visto.


El escritor, inquieto, tomó presto su cuaderno. Y lo abrío por su primera página. Y sobre el blanco manto del miedo escribió al dictado:


Ya no volveré nunca.


Y, efectivamente, jamás regresó.

Segismundo.

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1 comentario

Odradek instructivo -

Unas buenas narices ponen la distancia adecuada con respecto al objeto, esa distancia sin la cual es imposible la menor reflexión crítica. Quienes analizan son los ojos; necesitan su espacio para hacerlo, y de ahí que la prominencia de las narices se encargue de proporcionarlo. Actúan como dique de contención y separación.
Sin embargo, a veces es necesario saltarse la distancia. Uno está harto de tanto análisis frío, de tanta separación. Entonces, esas narices, como el pene (igualmente miembro que pone distancia, que separa al sobresalir notoriamente del plano vertical del cuerpo), pueden dejar de separar y de poner distancia introduciéndose en el/la/lo otro/a. En este caso, se produce –normalmente- cierto simulacro de fusion sensible o sentimental o en cualquier caso al menos erotica, llamada en ocasiones orgasmo, en ocasiones comunicación sentimental, a veces Einfülung, a veces tacto, en ocasiones simplemente lectoescritura. Y el (con)tacto supera al análisis.
De ahí expresiones sólidas como “meter las narices” o “cuidado dónde metes la polla”.
Gilles Deleuze, filósofo y suicida, explicaba que su manera de leer a otros filósofos consistía en darles por el culo hasta conseguir que dijesen lo que no habían osado decir. Una vez más, sustitución del análisis distanciado por el contacto, la intimidad y algo parecido al orgasmo (quizá). Se sugiere, por tanto, que cuando llegue la hermosa dama que provoca a la escritura, o cualquier otra que provoque a cualquier otra cosa, se aplique el método deleuziano: penetración sin posibilidad de fecundación. De sodomías así nacerán solamente páginas y páginas.
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