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cuadernosbenjamenta

Cuerdamente recuerdo. Y recuerdo.

Cuerdamente no imagino, recuerdo. No estoy loco, recuerdo. Simplemente sucede que el viento golpea despiadadamente los cristales de las casas y azota sin compasión las copas de los árboles.

 

Y recuerdo.

 

Puede que hoy, cuerdamente, sea cristal o árbol; porque me rompo y resquebrajo, me ondeo y me deshago como un débil mineral o una decrépita planta.

 

Y recuerdo.

 

Me quiebro y vibro, cuerdamente, con el batir del aire. Me rompo sin partirme.

 

Y recuerdo.

 

Y pienso, cuerdamente recordando, que esta desconsolada suerte, este pérfido castigo, me acontece por querer un día ser pluma, y tratar de dejarme llevar por el remanso de la brisa azarosa que está repleta de vacío.

 

Y recuerdo.

 

Aún así, cuerdamente, no me resigno.

 

Y recuerdo.

 

Y lucho, cuerdamente, como puedo contra el viento; porque hoy soy cristal y árbol. Y los dos están forjados, tallados, por azotes y golpeos. Cuerdamente recuerdo. Y recuerdo.

 

Segismundo. 

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